En los últimos años, los profesionales sanitarios en España han mostrado una creciente preocupación por el aumento del sedentarismo, un hábito que se ha consolidado especialmente tras la pandemia. El tiempo prolongado frente a pantallas, el teletrabajo y la reducción de la actividad física diaria están influyendo de forma negativa en la salud de la población, tanto a corto como a largo plazo.
Los expertos señalan que llevar una vida sedentaria está directamente relacionado con un mayor riesgo de enfermedades cardiovasculares, obesidad, diabetes tipo 2 y problemas musculoesqueléticos. Además, no solo afecta al cuerpo, sino también a la salud mental, ya que la falta de ejercicio se asocia con mayores niveles de estrés, ansiedad y depresión.
Desde el sistema sanitario se insiste en la importancia de incorporar el movimiento a la rutina diaria. No es imprescindible practicar deporte intenso: caminar al menos 30 minutos al día, subir escaleras o realizar pausas activas durante la jornada laboral puede marcar una diferencia significativa. Las autoridades sanitarias también subrayan la necesidad de educar desde edades tempranas, fomentando hábitos saludables en niños y adolescentes.
La prevención se presenta como una herramienta clave. Adoptar un estilo de vida activo no solo mejora la calidad de vida, sino que también reduce la presión sobre el sistema sanitario, evitando enfermedades que pueden prevenirse con pequeños cambios cotidianos.


