La evolución de la inflación sigue siendo uno de los principales factores que condicionan la economía de los hogares en España. Aunque en los últimos meses se ha observado una moderación en el ritmo de subida de los precios, el coste de la vida continúa siendo elevado, lo que afecta directamente a las decisiones de consumo de las familias.
Productos básicos como los alimentos, la energía y la vivienda han experimentado incrementos que han reducido el poder adquisitivo, obligando a muchos hogares a priorizar gastos esenciales y recortar en ocio o bienes no imprescindibles. Esta situación ha provocado un cambio en los hábitos de compra, con una mayor búsqueda de marcas blancas, ofertas y una planificación más estricta del presupuesto familiar.
Desde el punto de vista macroeconómico, los expertos advierten de que una reducción prolongada del consumo puede frenar el crecimiento económico, ya que el gasto de los hogares es uno de los principales motores de la actividad económica. No obstante, también señalan que la contención de precios es esencial para recuperar la confianza del consumidor y garantizar una evolución más estable de la economía.
A medio plazo, los analistas coinciden en que la mejora del mercado laboral y una inflación más controlada podrían favorecer una recuperación progresiva del consumo. No obstante, subrayan la importancia de políticas económicas que protejan a los colectivos más vulnerables y fomenten un crecimiento sostenible.


